jueves, 12 de enero de 2017

electricidad.

vuelvo a andar. mirada clavada al piso, las mejillas sonrojadas, un tibio color rojo en los labios. y en los ojos, que tímidos no quieren despegar, un relampago se asoma con cada pestañar. que bien le sienta el color azul a la nostalgia, que bien me sientan las tonalidades del crepúsculo al caminar con tu canción de fondo. y en la siguiente calle, sumergida en algo que aún no es oscuridad, me espera la comodida de encontrarte. estas ahí, como una estrella apagada que saca un destello de andá a saber que lugar. y el mirarte es como mirar a cien cuadros surrealistas a la vez. increíble, misterioso, satisfactorio, intrigante. yo me sumo a tu presencia, aturdida, pequeña. me sacudís el pelo con cariño y yo me quedo sin aire al primer contacto. así de eléctrico sos. me sonreís, de costado y con simpleza,  me tomás de la mano, y todo me da vueltas. estar con vos es como emborracharse en poemas. y no es hasta que empezamos a caminar cuando me doy cuenta de que ya no estamos acá. me transportas, despacio y en silencio, hacia un lugar que jamás ví. algo de otro mundo. colorido y sombrío. delirantemente dulce. y el sonido de tu voz nos hace volar. despegamos en este espacio celestial que llenaste de estrellas y me abrazás mientras estamos en el aire, para que el vértigo no me haga doler las costillas.
así que acá estamos, volando. en lo desconocido. en el infinito. el algún lugar sin tiempo ni forma definida, que amenaza, junto a vos, con hacerme feliz.
lentamente, los relámpagamos de mis ojos comienza a sonar.
activás mi electricidad.

viernes, 6 de enero de 2017

búsqueda.

si mis huellas no dejaran rastros
si mis pestañas no se despegaran al resfregarme los ojos
si el aire no se comprimiera en mi pecho cada vez que oigo el siencio
si las estrellas no se sintieran tan lejos
entonces todo esto sería en vano

si todas las noches que parecen eternas no acabaran con un nuevo día
si las interminables tormentas no culminaran con un arcoiris
si cada ocasión en la que pensé que nada podría ser peor no se volvieran esperanzas
si cada vez que me perdiera no encontrara tu voz
entonces ¿en qué estoy creyendo?

negro y blanco, fuego y agua. estoy acostumbrada a los contrastes. el ruido es tan molesto como el silencio aterrador. aún el equilibrio es un misterio. pero la búsqueda es tan larga, no acaba simplemente cuando se encuentra lo que se anhela.
todavía estoy buscando qué encontrar. todavía estoy corriendo del tiempo que amenaza con atraparme. todavía sacudo los miedos contra la almohada y la oscuridad estrecha mi mano cada vez que me rindo ante sus trucos.
pero hay algo distinto esta vez, algo que antes estaba ausente y ni siquiera su existencia hacia notar. quizás es el valor, o la experiencia. quizás es que aprendí el ritmo que debo bailar. no lo sé.

supongo que lo tengo que encontrar.

lunes, 26 de septiembre de 2016

abuelo.

Siento. Siento cosas que no están, cosas que aún no se formaron. Y si presto atención, puedo descubrir que todavía siento cosas que ya pasaron. Entre los hilos rojos de un sol que recupera su fuerza, dislumbro el sentir que deriva de nuestras risas.
Noto tu presencia débil cuando me cuesta concentrarme en la lectura, y en la ceniza del cigarro que se consumió de tanto esperar. Un hueco en el medio del colchón humedecido se aprecia desde lejos, y el polvo en los discos que solías escuchar se acumula, se deja hacer notar.
Me estremezco cuando me encuentro pensando qué te espera más allá. Si será verdad lo que nos cuentan, o si al final solo hay oscuridad. En tus manos aún tibias no puedo imaginar otra cosa que no sea verte reír, al compás del ritmo que marca el palpitar consumido de tu corazón cansado.
En mis sueños todavía seguimos abrazados, en ese calor que genera el silencio de la contención.
Y yo se que va a estar bien.
Vas a estar bien.

martes, 30 de agosto de 2016

el aire corriendo a través de la ventanilla baja
el cielo rosado
las nubes apunto de explotar
y los rayos del sol contra la piel que anhela calor.
un par de labios suaves y una risa en medio de un silencio aturdidor.
una carretera demasiado gris para un paisaje tan lleno de color.
un camino que termina en el infinito, más allá, dónde tus palabras se escuchan y mi catarsis por fin cesa.
una lluvia que atina a llegar, mojar y calmar. que refresca y renueva. que une los trozos de tierra separados y calma a las sedientas flores marchitas, que pronto se caerán.
confieso que me debilita la soledad.
soy un punto intermitente en medio de un campo minado de lineas.
sospecho que el hilo rojo se cortó hace rato; cargo conmigo una aguja, en el bolsillo,
dispuesta a cosernos si es que está permitido.
ya lo hice varias veces con mi sombra, que caprichosa me abandonaba.
por favor, no me abandones.
me pregunto si el infinito tiene fin.
si el camino no es más que un trecho.
me pregunto si estamos recorriendo una vía que no se conecta,
si este río no desemboca,
si este cielo no nos deja flotar.
si es verdad,
por favor, no me abandones.


miércoles, 6 de julio de 2016

no te das idea de las veces en las que siento que me estalla el pecho. dejando de lado las metáforas y el retoque de la palabra, ignorando toda forma de maquillar la realidad; hay un sentimiento que abarca mi ser completo. acecha por las noches y no me deja respirar, a veces, hasta me hace llorar sin parar.
se siente como caer a un vacío que se toca con las manos, y aunque esté a miles de kilometros de distancia, lo veo y de cerca y con claridad.
me gustaría quitarlo, que me lo quites. me gustaría tener asegurado que existe una vida posible sin sentirme así de agobiada cada segundo. poder estar viva sin ninguna molestia. vivir sin límites, sin excusas. sin frenos. sin preocupaciones. sin una voz que me recuerde todo lo mal que hice. sin tu presencia que me invade solamente para hacerme relajar.
me gustaría poder vivir una realidad en la que no estemos condenados a ser desgraciados. dónde recurramos a vernos cuando estemos felices y podamos hablar de lo bien que nos trata la vida. pero mo confundas, realmente sos lo único en mí que me hace sentir bien. pero... ojalá fueras en otras circunstancias. ojalá no fueras el relleno de algo que está incompleto. te siento ahí como intento levantar pedazos de algo que se rompió hace mucho y no tiene arreglo. un vidrio roto que por más que se pegue será siempre un vidrio roto pegado. inservible, arruinado. y vos te mantenés tan perfectamente triste en mis sueños.
recurro a esto cuando estoy así. como un adicto al lápiz, me inyecto con palabras. y eso que nos convencemos día a día que no existe escape alguno a la realidad que no termine en desgracia. acá estoy, drogada a base de letras, sufriendo una sobredosis de lo que me das. te veo pestañar. lo hacemos al mismo tiempo, estamos casi cronometrados, y bailamos al compás de una canción que no se escucha. entrelazo mis dedos en tu mano fría, y mi piel se calienta y se tiñe de rosa. volvemos a lo mismo.
volvemos a rugirnos sin siquiera abrir la boca. tu pupila me grita, incontrolada, que querés ser feliz. yo me mareo, me entristezco, e intento disimular mirando tu cuello. pero acá estamos, ya volvímos. ambos sabemos que no está bien pero no entendemos qué sentimos. nos contradecimos. y yo te mimo, te escucho. porque más allá de ese murmullo y ese chamuyo ancestral, se que me contás de lo tuyo para que yo empiece a hablar, y te diga que anda todo mal, todo va para atrás. que tengo miedo otra vez y que siento que voy a fallar. vos te acercás, me calmás. me corrés el pelo de la cara y ya está, me hiciste temblar. te das cuenta de lo que provocas y te sonrojas, cambias la forma en la que me miras, asi no me incomodas. me tomas de la boca, me haces vibrar. y me decis, despacio, suave, en una forma en la que el idioma nunca se supo pronunciar, como si hicieras mágia al hablar, rodeando las vocales en un abrazo claro, es fantástico como lo volcás;
cerrá los ojos y respirá. toca tu brazo y ahí voy a estar. en las noches y en los días. en cualquier momento, sea cual sea tu necesidad. hicimos un pacto y lo cumplimos, sin más. te amo y vos me amás. se que vas a poder porque no estás sola. nunca más lo vas a estar.

martes, 23 de febrero de 2016

please don't go, i love you so

la atrapó desprevenida, a punto de saltar. la tomó del brazo, tironeando de su muñeca. la contuvo entre abrazos, arropada en su pecho, mezclada entre su aroma y su camisa.
"por favor, destrozame el corazón" le gritó con sus ojos. y recordó fugazmente su sonrisa torcida, y su cabello rizado que rebotaba cuando caminaba. el tacto suave de su mano al rozarle los labios, el gusto dulce y mentolado de su boca. y reconoció, en ese instante, que su petición era imposible.
asimiló, con temor, que él quería hacerla feliz.
aspiró su aroma mientras golpeaba la puerta, para recordarlo al menos hasta que se chocara con el asfalto.
ya no importaba. realmente, no lo hacía.
sin importar cuantas veces le besara las heridas; la sangre seguiría corriendo. no había hilo suficientemente fuerte para cocerla.
y esos acantilados sin fin de los que la había salvado, aparecían cada vez que caminaba en linea recta, y empujada por el viento, siempre llegaba al risco.
porque había nacido rota, toda quebrada, sin posible arreglo. sus piezas se habían desintegrado con el tiempo.
había nacido sin color, apenas viva. agonizando de dolor; ardiendo en llamas mientras se hundía.
no existía morfina que la aliviara; irremediablemente, estaba condenada.
mientras corría por las calles, con lágrimas en sus ojos y el pelo revuelvo, encaminada a ningún lugar, juraba oír su voz, y sentir sus ojos marrón intenso observarla con tristeza.
"mi amor" suspiró. abrió los ojos, extendió sus brazos. instintivamente, volteó. porque él siempre estaba ahí. sujetándola.
esta vez, el vació la paralizo.
y con un pie en el aire, y la piel erizada, sintió su presencia en todo su alrededor. por encima y también en su interior.
"acá voy"

enferma nació; sin cura. como un cáncer maligno creciendo en cada suspiro.
sin terapia, sin placer. solo dolor.

ojos marrones. cabellos rubios. labios rojos.
en el espacio infinito, deseo poder volar.
"tal vez..."

lunes, 11 de enero de 2016

STARWOMAN

puede que sea cierto que el humo de los cigarros sea dañino. y que en algún punto, fumarme un porro y tener un viaje sea tan normal como despertarme y ver el sol. veo como algo posible que comience a detestar el gusto del alcohol, y que lo que ahora son risas después solo sean nauseas. quizá las rutas de escape se cierren porque estoy chocando contra una predecible salida. y por primera vez, la galaxia parece pequeña.
si mal no recuerdo, muchas veces me quejé porque sentía mis vacíos interminables. dudaba que alguna vez las voces se acallaran. me llenaba de pánico el mañana. rugía en la noche, adormecida por la libertad que sugiere creerme invencible. juraba ver las calles iluminadas en plena oscuridad, y el aire invisible chocando contra mi pecho, llenándolo de color. y momentáneamente, me sentía bien. porque es difícil ser joven, bizarro, poético y demente. pero es aún más difícil encontrar los momentos para disfrutar ser todo aquello.
y prometo sonreír cada vez que recuerde las veces que alcé mis dedos y me reí de este tóxico mundo porque, mi consciencia y yo, sabíamos que él no podía contra nosotras . prometo sonrojarme y remojar mis labios cuando algún beso compartido se cruce por mi mente, y vuelva a sentir la piel erizada y ese intenso ardor en el pecho que me provoca estar enamorada. porque atesoro todos y cada uno de los besos, las personas, y los momentos. y los lugares a los que me llevó cada uno con el roce de nuestras bocas. y las palabras. y los amigos. y los viajes al infinito ida y vuelta que me hicieron dar. la calidez de un abrazo en el frío de la soledad. la locura que implicaba mirarnos a los ojos y saber que, justo en ese momento, el tiempo no podía contra nosotros. porque era ese instante, extendido en un infinito, perdido y encontrado en la emoción.  la picardía del primer amor. mis manos con las suyas, mis ojos con sus ojos. y las noches sin dormir dando vueltas en un colchón lleno de historias. el dolor de un corazón roto que atinaba a no sanar nunca más, pero de alguna forma, se recompuso para ahora andar, cabizbajo y orgulloso, en esa eterna contradicción que significa haber sido lastimado pero aún así, seguir andando. y las cicatrices sanadas de una guerra que jamás tuvo intenciones de herir, que buscaba enemigos en dónde no había más que inocentes. en donde no había terrenos, no había trofeos. era yo contra la nada, el universo contra mí. porque juraba que había cientos de estrellas tirándome desechos cósmicos desde arriba, cuando solo me iluminaban. pero está bien. ya las perdoné, ya puedo ver. la gran venda de mis ojos cayó, y finalmente puedo ver. arriba, abajo y de nuevo arriba. por sobre el horizonte, y más allá de lo que creía que no existía.

hoy envuelvo un sin fin de historias, y la esencia de saber quién fui todos estos años; un corazón latiendo con voracidad, una canción sonando con máxima intensidad. una sonrisa medio chueca, salpicada con lágrimas color cristal. y le guiño un ojo al cielo, por última vez. lo observo, con sus estrellas a quiénes un tiempo atrás maldije y esta noche abrazo, con su luna que crece y se achica constantemente; como volviendo a ser quién era para poder aumentar su ser. y con su vacío, que compartí. que aún comparto. que probablemente, seguiré compartiendo. porque que haya vacíos no significa que falten cosas; sino que aún hay más por llenar. estoy segura  de que el cielo se llenará con más estrellas, y yo con más vida.

Esto solo puede ser leído escuchando esto.  Gracias. Infinitas. Ojalá algún día  tenga el placer de encontrarme con vos en ese gran planeta del que viniste, al ahora volviste, y del que me hiciste sentir parte.

domingo, 18 de octubre de 2015

nyctophilia

cuando tus ojos se cierren
los negros se fundan
y no distingas la oscuridad de la noche y la luz del día, no temas. aferrate a la bruma y la niebla. diluete en ellas. vuélvanse una. danza entre las tumbas de los malos recuerdos, recolecta los huesos de quién rompió tu corazón. alza tu mirada hacia la luna, entrégale en un canto una parte de tu alma. besa el viento fresco, inclínate ante la presencia de las estrellas. 
vuélvete ausencia.
vuélvete silencio.
camuflate entre las prominentes sombras, deja que te abracen, te consuman hasta penetrarte. 
y que tus dedos tengan el placer de tocar el fuego invisible que desata el frío. que se inyecte en tus venas. que su gélido calor te susurre al final del ritual que todo terminó. y al día siguiente te esfumes, hasta que se oculte el sol.


domingo, 4 de octubre de 2015

lost in translation

- ¿Qué te pasa? -dice, y su nariz se arruga. Sabe que algo anda mal. Yo soy consciente de que le molesta mi rostro distante y triste. Enciendo un cigarrillo. Le doy una larga pitada antes de contestarle.
-La vida -le digo, y lo miro directo a los ojos mientras suelto el humo-. Antes solía disfrutar de las cosas sencillas. Caminar por las calles un día nublado. Los chistes estúpidos. Las salidas nocturnas. Toparme a alguien que no veía desde hace tiempo. Escribir. Escuchar música. Comer. Esas cosas, ¿entendés? Esas idioteces, las diarias, las más comunes. Perdí el placer de gustar de todo eso y me duele. Siento un gran vacío. Como si hubiesen arrancado un órgano vital de mi cuerpo. Como si hubiesen trasladado todo mi interior hacia otra parte y yo haya quedado acá, inerte, hueca; incapaz de sentir algo. Y la verdad es que extraño sonreír por cualquier cosa. Ahora todo es más complicado. El odio parece acumularse y siento que me volví de piedra. Mis dedos se traban al escribir, ya no se deslizan sobre el papel como lo hacían antes. La música me parece absurda, monótona. La comida ya no sabe a nada. No me entusiasman las salidas porque se bien que después de ellas solo habrá día. Y la gente... no estoy segura de si quiero hablar de ello. Solo voy a decirte que les tengo pánico. A cada uno de ellos. Me asustan. Y ahora, en este momento, estoy totalmente acobardada. Creo que me volví el cliché que nunca quise ser, el típico personaje de una novela mediocre que llega a ser muy vendida. Y si me preguntas por qué, por qué me pasa esto, y por qué dejé de ser quién era, no sabría que responderte, porque no tengo idea cuándo fue que me empecé a desquebrajar como la tierra seca. Supongo que en algún punto ya no soporté más las golpizas.

Para cuando me di cuenta, las cenizas de mi cigarro consumido yacían sobre la mesa. Y mis ojos estaban empapados en lágrimas. Él se levanta de su silla para ponerse a mi lado. Corre el cabello que cae sobre mi oreja para susurrarme algo.
-Fue el amor lo que te destruyó. Pero tranquila. Estoy seguro de que pronto vendrá nuevamente para sanarte.



miércoles, 23 de septiembre de 2015

born to die.

me gustaría que las cosas fueran de otro modo. vos y yo juntos, mirando la luna, sentados sobre tu viejo auto azul. que el pelo se nos vuele, y se enrede en mi boca, para que lo saques con delicadeza con tu mano. me gustaría tener que esforzarme para verte, porque la luz solo reflejaría la mitad de tu cara, haciendo que cada parte resplandezca más que nunca. tu nariz de perfil me provocaría cosquillas en el vientre, y la forma de tus labios se parecería tanto a un par de pétalos que no resistiría las ganas de besarlos. te reclinarías sobre el parabrisas, y yo sin decir una palabra colocaría mi cabeza en tu pecho para hundirme en tu dulce aroma. menta, miel, perfume. el humo de tu cigarro formaría coreografías en el aire, invitándonos a bailar. acariciarías mi mejilla, y mi aliento se detendría. te acercarías, me tomarías de la barbilla, nuestras bocas se unirían haciendo de nuestra respiración una sola. sonreiría, interrumpiendo el beso. me mirarías, y tus ojos brillarían, porque sabrías que el tiempo en ese momento había sido infinito. me gustaría vivir en este sueño para siempre. hundirme en la inconsciencia junto a vos. y que no me detenga nada, excepto la sorpresa de la realidad.

lunes, 20 de julio de 2015

rebellion (lies)

La locura empieza con un paso. Me acerco hasta la puerta y la empujo. No dudo, no me doy tiempo a hacerlo. Cierro los ojos y me impulso. Corro sin ver por dónde camino pero no me importa, no tengo miedo de caer. El suelo se siente plano, no hay piedras, no hay quien detenga mis pies. El viento pasa de cálido a frío pero nunca se vuelve tibio, nunca encuentra su equilibrio. Mis brazos intentan seguir un ritmo, pero simplemente despliegan y levitan en algo que no es el cielo, pero se siente como el mismo.

La plaza está vacía, es una ciudad sin niños. Nadie llora, nadie ríe. Todo está callado. Ya no hay amantes en las esquinas que me inspiren. Parece una prisión sin rejas.

Tan solo quiero volar.

Realmente no me importa el precio que tenga que pagar. ¿Qué más querrían de mí? Ya tomaron mi cordura, mi fe y mi paz.

Tan solo exijo libertad.

Así que corro, sigo corriendo ¿Qué importa ya? Mis piernas están cansadas y mis ojos intentan llorar, pero el miedo de abrirlos me prohíbe hacerlo. Mis brazos se adormecen. Parecen alas cortadas.

Pero aún deseo ver.

Aún deseo creer.

Me gustaría despertarme y encontrarme dentro de un sueño. Pellizcarme y que duela. Los niños riendo, los amantes besándose,  las aves cantando, el sol brillando. Realmente no me importa el precio que tenga que pagar ¿Qué más querrían de mí? Ya me quitaron el mundo, y el sueño de vivir. 

La paz es un cuento que nadie me pudo contar.  La guerra no se disipa, es un humo tóxico esparcido entre nosotros. Los miro y la veo. La busco, y la encuentro. Y aun cuando no la busco, está ahí.

Me detengo y me siento en un viejo banco. Es blanco, y las gotas de una lluvia temprana aún se derraman por la pintura salpicada. Miro al cielo.

Que extraño.



No veo nada.

miércoles, 3 de junio de 2015

y lo demás, francamente, no importa.

Te miro, y los errores se van. No hay bien o mal, la verdad está ahí, brillando en tus pupilas. Tus ojos se mueven, se vuelven locos. Miran hacia  mí y luego al piso, sonrojados, pícaros. Y los  míos van de tus labios a tus pestañas, contemplando esa sonrisa extraña que derrumba hasta las más altas montañas. Tus órbitas desestabilizan las mías, cada palabra que sale de tu boca es como un alud de emociones. En mi mente todo se mezcla; pero te quiero. Te quiero escuchar para siempre, te quiero ver riendo, quiero ver tus ojos reflejando mi imagen y saber que estás ahí conmigo, y te juro, quisiera que ese momento fuera eterno.  ¿Cómo haces? Hasta tu presencia me quiebra, vuelve frágiles a mis rodillas. No te entiendo, sos como un juego imposible de ganar. Un caprichito que me quiero dar. Te quiero tanto que me duele no poder besarte, pero qué me importa, si ahora me estás mirando y no hace falta mover los labios para demostrarte que compartiría con vos más que un suspiro.  Estoy segura de que no llegas a imaginarte lo que provocas en mí, pero no tan segura de querer que lo sepas. Quizá es mejor dejarlo así, a medias. Aunque sospecho que cuando te hablo te das cuenta. Mi voz tiembla, se quiebra. A veces no encuentro la forma de hablar sin querer dejar de gritarte lo que siento, pero  por poco, me contengo. Me quitaste la coherencia, el talento de saber disimular. Me arrancaste el corazón, y te digo la verdad, te dejo hacer lo que quieras con él, no me importa;  tenelo. Contémplalo. Se consciente de que me había prometido no volver a pasar por esto, pero te convertiste en la mayor excepción. El error más lindo.

 Te quiero, con o sin chance. Sos mi caso perdido, mi salvador anónimo. Te quiero, estúpida e infantilmente. Sos como ese amor de nenes que carece de sentido pero desborda de emoción. Te quiero, porque lo prohibido me atrae, me condena, me mata. Te quiero, porque me consumís de la manera más hermosa: lentamente. Y no duele, lo disfruto.  Preferiría perder esta apuesta y quedarme varada en el medio de la nada, haber desperdiciado mil años  y un día, pero poder tenerte en mi mirada una última vez más.

lunes, 6 de abril de 2015

Suelo cuestionarme muchas cosas. Desde por qué las carreteras por la noche parecen ser interminables y las luces de los automóviles parecen estrellas caídas, hasta por qué la belleza puede tornarse en el más intenso dolor de un segundo al otro, como si en un instante el hielo se transformara en fuego y solo dejara cenizas a su alrededor. Las preguntas se acumulan, se archivan en una parte de mi cerebro donde el papeleo parece desbordar, y las respuestas nunca llegan. Nunca concretas, nunca precisas. Cada pregunta conlleva a mil más, y la vida se vuelve un juego matemático cuando debería solo ser una película, un filme en sus más vivos colores y con una fotografía tan maravillosa que me dejaría sin aliento. No tolero lo estructurado, eso es cierto. Pero me vuelve loca no entender el desórden. Veo los cimientos romperse y los muebles viejos empolvarse, el café enfríandose y las moscas agarrotandose, el invierno crudo golpeando la puerta por las mañanas y tu presencia volviendose cada vez más invisible. El mundo se cae y nadie sostiene mi mano. Puedo sentir como el pedazo de tierra bajo mis pies se desquebraja, amenazando con dejar hundirme en cualquier segundo.
Intento comprenderlo. El por qué las personas necesitan de otra para sentirse completas. A veces siento como si el aire me cortara la respiración; como si todo fuese demasiado. Demasiado crudo, demasiado real, demasiado hermoso como para apreciarlo sola. Las imágenes se destrozan, los momentos no duran más que fragmentos de segundos. Recuerdo cuando tenía cinco años, y los columpios me elevaban por el aire. Cuando estos llegaban a su punto máximo y las cuerdas no cedían más, permanecía suspendida en la nada, y el cielo parecía cercano. Ese momento duraba años. Yo volaba por siglos. No existía distancia entre mis pequeñas manos y el infinito. No había límites. Tampoco una punzante soledad, que resume al mundo en uno. De repente, la gravedad gana y vuelvo al suelo. Mis manos ya no son pequeñas. El cielo ya no esta cerca. Y el infinito parece un cuento falso y mal escrito que me gustaría poder creer.
Quizá solo necesitamos a quién vea lo bueno en nosotros mismos, lo que estamos negados a ver. Porque nos concentramos más en el deterioro que en la rehabilitación. Preferimos creer que somos inválidos por miedo a caer.
Quizá necesitamos quién nos calme el cáos, quién de vuelta las piezas del rompecabezas para que de pronto, todo sea más fácil de encajar.
Quién nos quite la ceguera, la venda de los labios. Quién nos abrace cuando el temblor se vuelve incontrolable, y serene el sismo que provoca el miedo.
Quién nos haga creer que no somos tan malos, ni tan brutos ni tan raros. Quién convierta el daño en pasado y sane las grietas del pavimento con el pasar de una mano, para dejar transitables esas carreteras nocturnas del principio, iluminadas con colores fugases, estrellas rebeldes que no se sienten parte del cielo. Que pertenecen al desastre, y disfrutan de ver a dos jóvenes tomados de la mano, corriendo, escapando de lo que tarde o temprano los alcanzará. Pero prefieren esperar.

miércoles, 25 de febrero de 2015

IMBORRABLE -capítulo cinco-

– No, no, esto no está bien –la aparté antes de que pudiera hacer algo. No me lo podía permitir en ese momento. No después de lo que vi y lo que dije.
–Perdona, fue un impulso. Pensé que te gustaba.
– No es eso. Me gustas, pero estoy enamorada de alguien. Y yo sé que es loco y ahora, precisamente, no entiendo nada, pero de verdad lo siento, siento que debo estar con él aunque no estemos juntos. No me permitiría estar con alguien más, simplemente sería falso –la miré–, eres especial Celia, de veras, te mereces a alguien que pueda darte cada parte de sí.

No me quedé a escuchar su respuesta. Me quité la intravenosa, quizá demasiado rápido, y tomé la ropa que estaba en el estante junto a la cama. Me alejé, sin más. “Demasiadas cosas…” pensé. “Demasiadas perdidas, demasiados reencuentros, demasiada confusión”. Deseé haber seguido inconsciente. Con todas mis fuerzas.


Estaba ahí, el arrugado papel junto al teléfono. Y yo estaba allá, contemplándolos de lejos, pensando si sería una buena idea llamar al número que él había anotado con sus propias manos. En algún momento mientras yo estaba tumbada en una cama de hospital, se había tomado la molestia de escribirlo. Esa fue la primera vez que nos vimos. Jamás me había visto, lo había dejado en claro. Pero quizá le gustaba, y por eso quería que lo llamara. Quizá en su memoria, el también me recordaba y su instinto lo guiaba a no dejar que nos perdiéramos. Pero ahora, para él tan solo era una extraña. Una frágil y anémica extraña a quién había acompañado al hospital.

–No lo conozco en absoluto– susurré, para que en la vacía casa solo lo escuchara yo misma.
¿Y qué si su nombre no era Jonas? ¿Si en realidad esto no era más que una alucinación, una pizca de mi locura dejada al descubierto? Tal vez lo había visto caminar por la calle, algún día hace un tiempo, y mí retorcida mente creo fantasías tan creíbles, tan minuciosamente configuradas, tan dignas de confundirse con un recuerdo que así fue como las cosas se dieron.

Sin embargo, él había dicho que, de alguna manera, le parecía familiar.
Y eso me daba el valor suficiente como para marcar el número y oír su voz.

– ¿Hola?

No.
Mierda.
Corté. Realmente no tenía el valor para hacerlo. No sabría que decirle.  ¿”Hola qué tal soy la loca que se desmayó en el Starbucks quieres ir a dar una vuelta y que lo haga otra vez”? No, no y no. El negarme ante una situación tan estúpida como esta me dejaba en claro que jamás podría confersarle mis sentimientos. Y se sentía tan mal.
Jamás entendí por qué la gente guardaba secretos, por qué escondía cosas tan complejas como el amor. Solo me había enamorado tres veces en mi vida, y en las dos primeras veces, siempre había sido sincera con respecto a lo que sentía. Siempre había expresado todo. Muchas veces me había planteado que era demasiado extrema al hacerlo. Me convencí de que nadie quería escuchar los sentimientos de una loca que sentía mucho, que no podía retener su verborragia romántica. Ambas relaciones habían sido un desastre. Las había cagado.
A veces, prefería entender cómo funcionaban las cosas que me parecían tan complejas y hacerlas de la misma manera que los demás. Naturalmente. Como si fuera una cosa diaria. Esconder un sentimiento para cualquiera podía resultar tan fácil como esconder un alfiler. Pero yo podía morir desangrada si lo intentaba.

Me levanté de la mesa, agarrotada por la desilusión. Me dirigía a la ducha cuando me pareció escuchar un ruido, una canción.

Era el teléfono.