dos días después, en la tarde con sol de verano, de repente el firmamento se tiño de gris, tronó el inmenso plano azul, y los ángeles comenzaron a llorar. lloraban conmigo, lloraban con mi corazón alimentado de rencor, "los espasmos después del adiós". y el amanecer no dio pistas de su llegada en mucho tiempo, porque estaba pequeña, herida, maltrecha, inmune ante tanta lujuria, tanta soledad... hasta que cansada de gritar, sin voz, con un trazo de dignidad y sin un pedazo del alma, la cual se fundió a la suya, dije ADIÓS. porque decir adiós es crecer.
el sol salió, el oro brillo. y de a poco aprendí a volver a vivir sin mis lluvias, en la feliz sequía.
cada tanto caen chaparrones, típicos de la época, pero insignificantes para este árido desierto que es mi vida.
gracias Cerati, por enseñarme, inspirarme. por brindarme un poco de tu voz para mis letras.
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